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Mirando Hacia La Tierra

A SERMON ORIGINALLY DELIVERED AT

THE FEDERATED CHURCH OF ATHENS
United Methodist - American Baptist

25 AUGUST 1996

by Frank L. Hoffman, Pastor

SCRIPTURAL REFERENCES:

Isaiah 51:1-6
Matthew 16:13-20
Romans 12:1-8

Cuando despegamos en nuestro aeroplano y vamos ganando altura las cosas sobre la tierra se hacen más y más pequeñas al tiempo que nuestro campo de visión se hace más y más grande.

Los astronautas que han visto la tierra desde la órbita pueden ver casi la mitad de la tierra, sin embargo ellos ven muy pocos detalles.

Y esos astronautas que vieron la tierra desde la superficie de la luna, vieron un gran mármol azul colgando en la oscuridad del espacio, aun así vieron todavía menos detalles.

Pero volver la mirada a la tierra con Dios ese es un asunto muy diferente.

Cuando nos volvemos a mirar con Dios, vemos todos los detalles, toda la gente, todos los animales, y los podemos ver como ellos son y como Dios quiere que ellos sean.

Podemos ver toda la Tierra entera a un mismo tiempo.

Esta es la diferencia entre una visión física y una visión espiritual.

Mucho tiempo atrás antes de que siquiera se pudiera pensar en volar en un aeroplano o en ir al espacio, Isaías, Pedro y Pablo, entre otros tuvieron la oportunidad de mirar sobre la Tierra.

Ellos tuvieron esta oportunidad por causa de su fe y por la gracia de Dios.

Y todos y cada uno de nosotros podemos tener esta visión espiritual si le damos nuestro corazón a Dios y deseamos realizar esta travesía espiritual.

Todo es cuestión de saber quienes somos nosotros y dónde estamos.

Vamos a empezar nuestra travesía espiritual mirando lo que Isaías nos dice en 51:1-6.

Primero vamos a considerar quienes somos.

1.  Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.

2.  Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué.

3.  Ciertamente consolará Jehová a Sión; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.

¿Perseguimos nosotros la justicia y buscamos a Dios con todo nuestro corazón y nuestra alma?

¿Lo hacemos todo el tiempo o a veces nos olvidamos?

El Señor conoce nuestras fallas y nuestro olvido así que nos recuerda mirar a la piedra y a la cantera de la cual hemos sido cortados.

En esencia debemos mirar hacia nuestros comienzos y no solamente hacia nuestra madre y padre o hacia nuestro nacimiento físico y principio de nuestra vida.

Debemos mirar hacia nuestro renacer espiritual.

Debemos volver la mirada hacia el primer día que creímos.

Esto es lo que nosotros somos.

Y Dios dice que él va a restaurar este mundo al Jardín del Edén, donde no había muerte antes de la caída del hombre.

Esto pasará cuando más y más gente empiece a ver con los ojos de Dios.

Marquen esta parte en Isaías y vayamos a Mateo 16:13-20, y veamos como esto pasó con Pedro y escucha cuidadosamente lo que Jesús le dice a él:

13. Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

14. Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.

Estas respuestas son todas desde una perspectiva terrenal y física.

Ellos sólo vieron a Jesús como a un hombre por lo tanto ellos sólo pudieron compararlo con hombres.

Así, Jesús hace la misma pregunta a sus discípulos:

15. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

16. Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Pedro está mirando con ojos celestiales, él está volviendo su mirada a la Tierra al tiempo que el Señor confirma:

17. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Esto confirma la posición espiritual desde la cual Pedro está mirando; pero Jesús continúa y le recuerda quién es él:

18. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

19. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos.

20. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.

La roca de la cual Pedro es cortado es el testigo de Jesús como hijo de Dios y como el Mesías de Israel.

¿De qué roca eres tú cortado?

Ahora con esto en mente volvamos a nuestro pasaje en Isaías el cual se escribió hace 700 años antes del encuentro entre el Señor y Pedro (Isaías 51:4-6):

4.  Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los pueblos.

5.  Cercana está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos; a mí me esperan los de la costa, y en mi brazo ponen su esperanza.

Cuando Jesús preguntó a sus discípulos quien dice la gente que es él, él obtuvo una respuesta física y este es el porqué:

6. Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá.

Ellos nunca levantaron sus ojos hacia el cielo por lo tanto ellos nunca pudieron tener una visión celestial.

Ellos no pudieron mirar sobre la Tierra y reconocer a Jesús por lo que él es. Sólo vieron al Hombre y no al Señor. Nosotros vemos a mucha gente.

¿Quiénes decimos nosotros que son ellos?

¿Quiénes dicen ellos que somos nosotros?

¿Vemos nosotros solamente las acciones del uno al otro, sean buenas o malas, o también nos vemos el uno al otro como la gente que Dios quiere que seamos.

¿Vemos con ojos terrenales o vemos con ojos celestiales?

El amor incondicional nos ayudará a ver con ojos celestiales, porque el amor incondicional se extiende hasta Dios, y de allí hacia toda su creación:

Vemos cada aspecto de nuestro medio ambiente, y cuidamos de su bienestar.

Vemos cada animal, sea grande o pequeño, y cuidamos de su bienestar y de que ellos también vivan en paz.

Vemos a cada humano como nuestro igual, y deseamos para ellos lo que nosotros mismos deseamos en la perfección del amor de Dios.

En Romanos 12:1-8, Pablo habla sobre quienes somos desde una perspectiva celestial, algo que nosotros deberíamos aprender a hacer.

Escucha lo que él dice:

1.  Así que hermanos os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo agradable a Dios, que es vuestro culto racional. (vuestro servicio de adoración)

Nuestra adoración no es tan sólo lo que estamos haciendo hoy aquí.

Esto es tan sólo una forma comunal de expresar nuestros sentimientos hacia Dios.

Pero nuestro real y duradero servicio espiritual es lo que somos nosotros, y lo que nosotros somos determina si estamos o no realmente adorando a Dios.

Y si esto es como una puñalada en el corazón, tenemos que hacer una reflexión interna y arrepentirnos:

2.  No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la revelación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Esto es lo que deberíamos ser.

Deberíamos ser nuevas criaturas en Cristo Jesús nuestro Señor.

3.  Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí del que deba tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Dios ha dado a cada persona toda la fe necesaria para ser transformados a la imagen de Dios.

Si no usamos esta fe, no es culpa de Dios sino nuestra.

Ahora, ninguno de nosotros somos islas para nosotros mismos, sino que yo oro para que todos seamos parte del cuerpo total de creyentes.

Y que juntos no solamente multipliquemos nuestra adoración sino también nuestro poder transformador sobre esta tierra:

4.  Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,

5.  así nosotros siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

6.  De manera que, cuando teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;

7.  o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;

8.  el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Esta es la naturaleza de una verdadera iglesia.

Cuando la gente mira hacia adentro desde afuera, debería verse como una asamblea de pastores y sacerdotes, porque todos están ministrando y no solamente a nuestra propia congregación porque el ministerio de Dios no tiene límites.

Se extiende hacia toda la creación.

Cada uno de nosotros debería ver de esta manera.

¿Qué está mirando la otra gente?

¿Qué estás mirando tú ahora mismo?

¿Puedes ver el Río Hudson?

¿Puedes ver hacia el norte y mirar su fuente de origen?

¿Puedes mirar la lluvia que cae sobre las montañas, las cuales forman pequeñas corrientes de agua que juntándose unas a otras forman el Río?

¿Puedes tú sentir lo que la gente de nuestra lista de oración siente, que su dolor sea tu dolor y orar de acuerdo a ello?

¿Puedes tú sentir el horror y el sufrimiento de la gente en todas partes del mundo quienes han sido blanco de una guerra u otra?

¿Puedes tú sentir el terror de la soledad de un animal de laboratorio quien ha sido sistemáticamente torturado cada día de su vida?

¿Puedes tú sentir el sufrimiento de billones de animales de granjas-factorías muertos en mataderos cada año en nuestro país?

¿Puedes tú sentir lo que Dios siente por lo que le hemos hecho a su hermosa creación, y cuánto le duele cuando no le retornamos su amor, y no nos amamos unos a otros?

Si tú puedes ver y sentir estas cosas, entonces tú tienes una visión celestial.

Pero si no, entonces necesitas retornar a los básico, y realmente y verdaderamente confesar a Jesús como tu Señor y Salvador.

Necesitas rendir todo tu orgullo a Él, y pedirle que te haga la persona que Él quiere que tú seas.

Necesitas abrir tus ojos.

Vamos a orar.

Amén.

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